Cuando oímos un sonido musical, lo que en realidad percibimos es la nota fundamental de una superposición de sonidos secundarios llamados armónicos. Estos sonidos que acompañan y suenan conjuntamente con la nota principal, le dan cuerpo y coloración, pero son tan débiles que raramente pueden ser percibidos aisladamente por el oído.

El timbre característico de cada clase de instrumento depende del número de armónicos que forman su sonido, y de las intensidades relativas con que se manifiesten dentro del mismo. No obstante, cada instrumento aisladamente emite un sonido particular. Diferentes violines, por ejemplo, suenan distintamente dependiendo de las características de la caja, situación del alma, cuerdas empleadas, etc., sin olvidar el importante papel que también desempeña el arco.

Como ya quedó expuesto anteriormente, el sonido que percibimos al hacer vibrar una cuerda, es el de la nota fundamental (primer armónico) de una serie de sonidos parciales, los sonidos armónicos.

En una cuerda, los dos puntos extremos en donde esta no vibra toman el nombre de nodos, y la longitud oscilante, vientre. La cuerda hace sonar siempre la frecuencia de toda la longitud vibrante, que es la que nos da la nota que oímos, pero a su vez también produce otros dos vientres de vibración de la mitad de longitud, tres de un tercio, cuatro de una cuarta parte, y así indefinidamente, que son el segundo armónico, el tercero, el cuarto, etc…


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El conjunto de sonidos parciales cada vez más agudos, que producen todas estas fracciones, es lo que da el timbre de la sonoridad y forman la llamada **serie armónica**, en la que las frecuencias de las notas de los armónicos mantienen una relación con la frecuencia del tono fundamental, siguiendo la serie natural de los números.

- TONO FUNDAMENTAL ------------------------ n
- 2º ARMÓNICO ------------------------------------ 2n
- 3er ARMÓNICO ------------------------------------ 3n

Conociendo la frecuencia “n” (fundamental), bastarán saber el número de orden de un armónico para deducir su frecuencia. El tercer armónico de La4 de 440 Hz será:
3 x 440 = 1.320 Hz (Mi6)


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Observemos que el segundo armónico emite un sonido igual a la octava superior del primero, el tercero una quinta más arriba, el cuarto una cuarta más, convirtiéndose cada vez en intervalos más pequeños. La mejor consonancia solamente la guardan los armónicos inferiores. Estos son los que confieren la buena sonoridad a un instrumento, y es por ello que los Luthiers procuran siempre obtener un fortalecimiento de los armónicos graves, debilitando a su vez los agudos.

De estos sonidos parciales que la vibración normal de las cuerdas genera espontáneamente, ya hemos dicho que el oído solo percibe como nota musical el más bajo, mientras que su mezcla con los demás forma el timbre del instrumento. No obstante, de estos armónicos los hay que pueden hacerse oír aisladamente, se conocen como armónicos naturales o simples.

El procedimiento para hacer sonar los armónicos naturales consiste en apoyar el dedo suavemente sobre la cuerda, en el punto correspondiente a unos de los modos del armónico deseado. Esta débil presión da como resultado que la extensión de la cuerda vibrante oscile por secciones de la medida que el mismo nodo señale. Un aspecto a señalar es que el segundo armónico (octava) solo tiene un nodo en el punto medio de la cuerda, los restantes se pueden obtener utilizando uno cualquiera de los nodos que están situados a uno u otro lado.

La producción de los armónicos exige una colocación muy precisa del dedo en el punto de contacto sobre la cuerda, ya que la más ligera diferencia destruye la raíz matemática de este fenómeno acústico.

También existen armónicos artificiales o compuestos. Estos se producen ejerciendo una presión normal sobre las cuerdas con el primer dedo, lo cual establece un nodo terminal en este punto; seguidamente se crea el armónico suavemente con el tercer o cuarto dedo. La distancia que exista entre ambos nodos establecerá el número de sectores vibrantes de la cuerda, y por consiguiente, la altura de los sonidos armónicos resultantes.

Para que los armónicos se produzcan no basta con el adiestramiento y la precisión en los dedos de la mano izquierda. El arco tiene importancia decisiva. Ello se debe al que al dividirse la cuerda en segmentos de vibración con sus vientres y nodos, si el arco coincide al frotar en uno de ellos, nodo o vientre, el armónico no se producirá por muy perfectamente que estén colocados los dedos de la mano izquierda. Cuanto más cerrado es el intervalo que produce el armónico, mayor número de divisiones resultan en la cuerda. Por lo tanto, el arco debería de ponerse muy próximo al puente.