Este periodo se concreta a partir del año 1770 aproximadamente, recibiendo el nombre de “clásico”, al asentarse y consolidarse aquí la mayoría de los conocimientos teóricos y formales que han llegado hasta nuestros días. También se utiliza el término “preclásico” para denominar al estilo que se sitúa entre 1750 y 1770, y que se identifica con el estilo “Rococó” que une el periodo Barroco y Clásico. Con la muerte de Beethoven en 1827 se podría dar por terminado el Clasicismo, si bien ya existían con anterioridad las corrientes románticas.

El clasicismo significó una reacción contra el estilo anterior (el Barroco), había un ansia de libertad, y una búsqueda de entretener, evitando todas las emociones fuertes. El estilo y el gusto del periodo clásico se caracteriza por:

- Claridad en la forma, las frases se construyen con mayor cuidado de las simetrías
- Ausencia de cualquier efecto vulgar o sensacionalista
- Se deploraba el exceso de dificultades, de ataduras, de polifonía y de adornos
- Se trataba de llegar a una escritura más ligera, que separara sin equívocos la melodía del acompañamiento
- La facilidad se convirtió en un requisito importante
- Aumento de importancia del contenido emocional
- Se consumó la escisión entre la música de cámara y la música sinfónica
- Se asiste al nacimiento de la música como espectáculo comercial

Mannheim y la corte del elector Karl Theodor cobran especial interés, al ser uno de los centros musicales más importantes del siglo. En torno a esta ciudad se centraron un grupo de compositores como Franc Richter, Johann Stamitz y sus hijos,… o sea, un grupo de músicos que fijaron las bases de la música orquestal y lograron importantes innovaciones, como:

- Introducción del “estilo galante”, caracterizado por la elegancia melódica llegando a la cumbre con compositores como Haydn, Mozart y Beethoven.
- Convirtieron a la orquesta en un solo “instrumento” alejado ya de la tiranía del bajo continuo, explorando su capacidad de contrastes expresivos en sus aspectos tímbricos, y especialmente, en la graduación de intensidades y de planos sonoros. Además, se estableció el uso de golpes de arco uniformes.
- Nueva instrumentación: el clavecinista dirigía todavía la orquesta, pero esta función fue cayendo poco a poco en el violín principal. Ya no era necesario el clave para completar la armonía, oboes y trompas podían cumplir esta función armónica de un modo más efectivo. La utilización de oboes y trompas también liberó a las voces graves para participar en el trabajo temático.
- Sustitución total del bajo cifrado por las partes escritas
- Consolidación de las formas:
· Sonata: se basa en el contraste de grandes secciones. Esta forma se caracteriza por su forma simétrica tripartita ABA, exposición, desarrollo, reexposición. El paso de una estructura bipartita a una tripartita puede ser considerado como una complicación. Sin embargo, es fruto de una tendencia simplificadora racional, de acuerdo con el gusto del estilo galante. La reexposición, coincidente con la exposición, crea en el oyente una regularidad estrófica.
· Sinfonía: se implantó la sinfonía en 4 movimientos. A mediados de siglo, los tres movimientos del concierto barroco (vivo-lento-vivo) se concretan también en su comportamiento interno. El primero, Allegro con forma sonata; el segundo, Andante, Adagio o Largo en una forma ternaria ABA; el último, en forma de danza, giga o minuetto, o en forma rondó. Pasada la mitad de siglo se prefiere un final más elaborado y el minuetto, en lugar de desaparecer, cambia de posición. Así, aparece la forma de la sinfonía (y del cuarteto): Allegro-Andante-Minuetto-Allegro), teniendo el primer movimiento forma sonata.
· Concierto: el concierto para solista de esta época conserva elementos de la estructura del concierto vivaldiano (vivo-lento-vivo), aunque se ve impregnado por los contrastes de tonalidad y material temático característicos de la sonata.
Estas nuevas corrientes musicales europeas irán introduciéndose paulatinamente en nuestro país a través de la música cortesana de la Capilla Real, gracias a la nobleza.

Respecto a la música de cámara, (llamada así por el lugar donde se interpretaba, los salones de la corte) en este periodo la agrupación que tenía un papel primordial era el cuarteto de cuerda: dos violines, viola y chelo, todos ellos tratados con dignidad equiparable. Este se origina a partir de la sonata en trío barroca. Cuando el bajo continuo cayó en desuso al final del Barroco, fue necesario componer la voz intermedia, en lugar de la mano derecha del clavecinista. También podemos destacar los tríos con piano, cuartetos con piano, tríos de cuerda, quintetos de cuerda. También son comunes los dúos, tríos, cuartetos y quintetos de viento.

Para analizar la evolución musical del violín es necesario recordar el capítulo dedicado al arco, ya que, al comienzo de este periodo, se produce una evolución notable con el arco tipo Cramer, muy parecido al actual pero algo más corto. La evolución se completa con el arco tipo Viotti, aparecido en 1790. En la época de Cramer (1770), se comienza a utilizar un arco cuya cabeza difiere notablemente de su antecesor. De una cabeza “en forma de punta” se pasó a una rematada por un “martillete”. Ahora las cerdas discurren totalmente paralelas a la vara hasta la cabeza, de esta forma se potenció más el sonido en el tercio superior. No fue hasta entonces, cuando ya se ve el arco totalmente rectilíneo. Es decir, que hasta últimos del siglo XVIII, las características de los arcos no cesaban de variar, pero iba perdiendo de una manera definitiva, su curvatura tradicional abierta hacia fuera.

En aquellos momentos surge François Tourte (1747-1835) considerado como el creador del arco moderno. En efecto fue Tourte, habiendo recibido la influencia de Viotti, quien estableció definitivamente la longitud de la vara, determinó la fórmula para la curvatura del arco actual obtenida por el calentamiento de la madera, definió sus grosores e ideó el sistema de fijación de las cerdas a la nuez. Además, y después de muchos ensayos con distintas clases de madera, designó aquella que todavía hoy se tiene como la más apropiada para los arcos: el pernambuco, que se distingue por ser excepcionalmente resistente y flexible.